RIBEIRA – El pueblo de Aguiño sopesa hacer una colecta para que la vendedora de la ONCE tenga una cabina donde cobijarse y un sitio fijo para vender cupones

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La respuesta ofrecida a finales de la semana pasada por parte de un responsable de la delegación territorial de la ONCE en Santiago en relación a la demanda de vecinos y veraneantes en Aguiño para la instalación de un kiosko en el que pueda  cobijarse su vendedora de cupones en esa zona, Mariló Martínez, parece que no ha convencido a los solicitantes. Por el momento la campaña de recogida de apoyos va viento en popa a través de la plataforma change.org -a última hora de ayer ya se rondaban las 250 firmas digitales-, y a la espera de que se celebre la anunciada reunión entre el representante de la entidad, su empleada y la concejal Esther Patiño, varios vecinos, empresarios y turistas están sopesando un plan B, por si la ONCE no da marcha atrás en su postura, pues considera que lo que vende esa mujer no es suficiente -lo cifra en la cuarta parte de lo exigido- para hacer ese desembolso. Promotores de esa iniciativa precisaron que se trataría de realizar una colecta para poder costear esa cabina, que no llevaría publicidad de la ONCE.

Algunas de las personas que ya expresaron su apoyo a Mariló indicaron que puede que sea cierto que hayan bajado las ventas de cupones, pero sostienen que contar con esa estructura, además de permitir guarecerse de las inclemencias del tiempo, también supondría que contaría con un horario estable para que pudieran acudir los compradores. Agregaron que hay gente que estaría interesada en comprarle cupones, pero que cuando van a un sitio no la encuentran, ya que está atendiendo su ruta diaria programada o debido a que tiene que ir a cambiarse de ropa al sufrir los efectos de las inclemencias meteorológicas, pues tampoco cuenta con otros medios para desplazarse que no sean sus propias piernas. Por ello, apuntan que las ventas podrían aumentar si tuviera un sitio fijo y que no dependa de la amabilidad de algún vecino que le deja el portal de su casa, como sucede desde hace años con los dueños de la farmacia Mariño de Bricio.