A POBRA – Compatriotas de la dominicana asesinada increparon con mucho dolor a los detenidos por el crimen a su llegada a los juzgados

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Dos decenas de compatriotas dominicanos asentados en O Barbanza y sus alrededores, además de la madre, la hermana y el cuñado de Yulisa Altagracia Pérez, se concentraron a primera hora de la mañana de este miércoles delante del edificio de los juzgados de Ribeira y, en medio de llantos e impotencia para pedir “justicia”.  Del mismo modo, increparon a los detenidos en el momento en que fueron bajados de los coches patrulla de la Guardia Civil que llegaron de Noia y Boiro.

La hermana de la fallecida, Mercedes Pérez, junto a su madre, Isabel Pérez, negó que su hermana tuviera deudas con nadie, aclarando que era muy responsable para cumplir con lo que tenía que pagar, por lo que le extraña que se diga que el móvil el homicidio fuese una deuda de 40 euros por cocaína. Añadió que
Yulisa Altagracia sólo conocía de vista a los imputados, pero que no les compraba droga, “pues no consumía”. Del mimo modo, se interesó por saber las razones por las que pudieron matarla, pero no encontraba una respuesta. El marido de Mercedes, Jaume Baena, agregó que su cuñada no se prostituía, sino que trabajaba de camarera en un club de alterne de Palmeira, y que con todo lo que ganaba ayudaba a sus hijos, a los que pretendía traer a España, pues estaba tramitando todo el papeleo para lograrlo.

De boca de una prima de la fallecida, Valentina Núñez, y fruto del enfado que tenían se pudieron escuchar expresiones como “maldita traidora” y “perra”, entre otras, además de expresar la desazón que les causa el hecho de que los autores del crimen dejan tres huérfanos. María de Sousa, amiga de la fallecida, manifestó que no es cierto que Yulisa Abelleira Castro tuviera deudas y que no tenía relación con los detenidos, ni tan siquiera de ir a tomar algo. Y de la víctima mortal destacó que era una persona buena y humilde, que ayudó a sus compatriotas, que en su caso se tradujo en proporcionarle vivienda, comida y ayuda al llegar a la zona, pues lo pasó mal.