Lo Cortés no quita lo cobarde

Capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita. Esa es una de las definiciones que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua para definir el adjetivo valiente. Pues por mucho que le miro no veo en él una persona así, sino todo lo contrario. No me gusta caer en las descalificaciones así por así, y no lo voy a hacer ahora. En su identidad se menciona Cortés, pero creo que de eso no tiene tampoco nada, si se atiende a que por ello se considera a una persona atenta, comedida, afable y urbana. Nada más lejos de la realidad.

Es cobarde -una amiga diría que no eres eso, sino lo siguiente-  y, pese  que le han llegado hasta reconocimientos internacionales y seguramente lo hace con buen criterio por el mundo adelante, cada vez que le toca dirigir al equipo de mis amores exhibe lo peor de él. El poder que le otorga un silbato lo utiliza para abusar de esa autoridad que le confiere. Me gustaría preguntarle la razón de esa inquina, por la que cada vez que le toca arbitrarnos muestra lo peor de si mismo… Toma decisiones que sólo deben de ver sus ojos, pues ni en las múltiples repeticiones de la televisión se puede apreciar nada de lo que pita. Hasta sus compañeros se quedan sorprendidos, pero creo que no le dicen nada por no dejarle en mal lugar. Uno puede pensar que es malo, pero yo creo que no es así, pero lo que le voy a decir debe invitarle a la reflexión, si es que su enorme ego se lo permite. Es capaz de hacerlo por si solo. Lo que en un lado de la cancha lo señala de una manera, pero de ocurrir lo mismo en el otro extremo hace lo contrario.

Ello me hace pensar en que lo hace con alguna premeditación y que sólo quiere perjudicar a este humilde pero, a la vez, gran club de Santiago. Eso si que e grandeza, no podrá él decir lo mismo de si. ¿Tanto odio nos tiene? No quiero que me conteste, es una pregunta retórica. Es de A Coruña y creo que lo suyo es algo personal contra mi equipo y cada vez que le designan para un partido del equipo uno ya se puede imaginar lo que puede pasar, independientemente del acierto en el rebote, las pérdida de balones o  los buenos o malos porcentajes de tiro. Reconozco que en el último cuarto del tiempo reglamentario no estuvimos acertados, pero él solito se encargó de sacarnos del partido con sus decisiones.

¿Por qué no se ha optado por usar el instant replay para comprobar que el lanzamiento de tres puntos de Adam Waczynski toco el aro y que así puede volver a contar el tiempo ya que Caloiaro recogió el balón y le debió servir al equipo para tener otra posesión, aunque fuese de 14 segundos. Pero estaba claro que no lo iba a permitir, la idea era perjudicar al Obradoiro. Esa es una de muchas, pero lo más grave del asunto es fueron acciones que se produjeron en momentos clave. Y si está satisfecho de habernos desquiciado a todos -lo ha conseguido hasta con Moncho Fernández, con su cobardía. Pues allá él. Espero que no duerma tranquilo, o creo que no deba hacerlo y que pague la penitencia de intentar acabar con las ilusiones de la humilde familia que forma el Obradoiro CAB. Y deseo que nunca más nos pueda volver a arbitrar. Alguien debe mirarlo y pedirlo sin dudarlo ni un sólo instante. Adiós, Cortes, valiente cobarde.