RIBEIRA – Un sonense con ataxia de Friedreich halla en los socorristas de Coroso la ayuda para gozar de la playa

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David Santamaría Abeijón es un sonense de 34 años que desde que comenzó el mes de agosto acude tres veces a la semana -miércoles, viernes y domingo- a la playa ribeirense de Coroso para tomar el sol y bañarse. Esta podría ser la historia de cualquier persona, pero su caso es especial. A los 13 años les diagnosticaron una enfermedad rara neurodegenerativa, Ataxia de Friedreich, que le produce un deterioro progresivo que le afecta a las funciones necesarias para una autonomía personal, como escoliosis, pérdida de sensibilidad, inmunodeficiencia y descoordinación de movimientos, entre otras. Fue a partir de los 17 años en que empezó a usar un andador, y pese a que reconoce que “no era capaz de caminar en línea recta, al menos me movía”.

Él vive en Baroña, pero asegura que no puede acudir a las playas de esa zona porque no disponen de socorristas que le puedan echar una mano para llevarlo en una silla anfibia hasta la orilla para darse un baño. Dijo que hace un tiempo habló con el Concello de Porto do Son y le dijeron que en el arenal de Caaveiro habría dos vigilantes, pero al final no los
consiguieron. Por ello, estuvo buscando una playa a donde poder ir, aprovechando que dispone de seis viajes en transporte adaptado del 065. Después de estar preguntando, le hablaron de Coroso, en donde se coloca al lado del puesto de socorristas que hay a la altura del Centro de Raqueta Santa Uxía.

Además, de hacerle compañía, esos socorristas ribeirenses le mueven en la silla anfibia para que pueda bañarse, le sirven la comida que lleva, le echan crema para protegerse de las radiaciones solares y le ayudan a tumbarse en una toalla “e incluso me hacen una almohada con un montículo de arena-”, afirma David Santamaría. Por las facilidades que le dan, les está muy agradecido.

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